La Leyenda Haida del Cuervo y los Primeros Humanos

Por Bill Reid

La gran inundación, que había cubierto la tierra por mucho tiempo tuvo, al fin había retrocedido y llegó hasta a ser la delgada franja de arena que se extendía desde el norte en Naikum, a la cual ahora llamamos Rose Spit. El Cuervo había volado ahí para disfrutar de las delicias dejadas por el agua que caía, y por ese cambio no tenía hambre. Pero sus otros apetitos como la lujuria, curiosidad, el incuestionable deseo de interferir y cambiar las cosa, jugarle trucos al mundo y sus criaturas se mantuvieron insatisfechos.

Recientemente se había robado la luz del anciano viejo que dejó escondida en una caja en su casa en medio de la oscuridad, y la dispersó sobre el cielo donde se expandió a través de la noche y deslumbró el día con una sola aurora brillante. Debajo de esto, la playa larga que se curveaba entre la esquina donde él estuvo y la Colina Tao se quedó tranquila y desértica, y para el Cuervo era infinitamente aburrido. El caminó sobre la arena, con su brillante cabeza inclinada, sus ojos afilados y sus orejas siempre alertas para estar receptivo sobre alguna visión o sonido inusual. Con frustración, llamó petulantemente al cielo vacío, y para su deleite oyó un grito de respuesta, aunque desde su gran altura no era más que un oscuro chirrido ahogado.

Al principio no vio nada, pero pronto miró de nuevo un flashazo blanco que capturaba su ojo, y ahí mismo en sus pies, medio enterrados en la arena había una concha gigante. Miró más cercanamente y vio que la concha estaba llena de pequeñas criaturas que estaban encogidas de terror por su enorme sombra.

Bueno, aquí hubo algo diverso, algo que rompió con la monotonía de su día. Pero no era tan divertido como las cosas tontas que se mantuvieron en el caracol. Y ciertamente ellos no van a regresar a su terrible estado presente. Entonces, el cuervo mantuvo su gran cabeza cerca con su lengua lisa de embaucador que lo han puesto en muchas aventuras desafortunadas durante sus problemática existencia, él los persuadió, engatuzó y coaccionó para que salieran a jugar en su maravilloso y resplandeciente nuevo mundo. Como saben, el Cuervo habla en dos idiomas, uno duro y estridente: y el otro, que estaba ocupando ahora, seductor y con un tono muy atractivo, ciertamente uno de los sonidos más bellos del mundo. No tardó mucho en que saliera el primero, y después otro. Algunos, inmediatamente se escurrieron de vuelta cuando observaron la inmensidad del mar y del cielo y la abrumadora oscuridad del Cuervo. Pero, eventualmente, la curiosidad superó a la precaución y ellos se treparon para afuera. Criaturas muy curiosas estuvieron ahí: dos en patas como el Cuervo, pero hasta ahí terminaba el parecido. Ninguna pluma brillante, ningún pico, pero si piel pálida, desnudos excepto por una cabello largo en su ronda, cabezas planas; en vez de fuertes alas,  similares a palos finos como apéndices que se agitan y revolotean constantemente – Los Haidas Originales, los primeros seres humanos –

Durante mucho tiempo, el Cuervo se divertía con sus juguetes nuevos, mirandolos como si estuvieran explorando su mundo expandido, a veces ayudandose los unos a los otros en nuevos descubrimientos, o peleándose sobre la novedad que hayan encontrado en la playa. Les enseñó trucos inteligentes de los cuales ellos fueron expertos.

Pero el tiempo de atención del Cuervo fue muy corto, y pronto se volvió a aburrir en el despecho de las extrañas travesuras que hacían sus pequeños compañeros. Por alguna razón, se dio cuenta de que todos eran hombre. Y no importa cómo ellos se vieran, él cayó en la cuenta de deber encontrar a alguna mujer para hacer el juego con los Haida más interesantes.

De repente tuvo una idea, que empezó a recoger a cada hombre a pesar de sus gritos de miedo, y los puso en sus espaldas anchas donde se escondía en sus alas. Cuando recogió al último, el Cuervo extendió sus alas y voló rápida mente a North Island y aterrizó en una playa cerca de una roca que gracias a la marea baja estaba en lo alto, cubierta de grandes chitones rojos. Gentilmente se sacudió y los hombres se escurrieron por detrás de él hacia la arena. El los dejó ahí y voló a la piedra, y con su enorme pico, olió un chiton desde su fuente. Echó la cabeza hacia atrás y lanzó un chitón lo más cercano a los hombres. Su objetivo era tan infalible como aquellos que solamente los magos poseen, y el chitón encontró su marca en una en un area delicada de la ingle de la criatura que nació del caracol, al cual se unió firmemente. Tan rapidamente como el rocío cae en la orilla después de la ruptura de una ola, el Cuervo le esparció al resto del grupo chitones, cada uno volando inexorablemente hacia su propio objetivo.

Nada como esto le había sucedido a los hombres durante su infancia en el caracol. Ellos se sintieron asombrados, incomodados y confundidos por la intensidad de las nuevas sensaciones emocionales y físicas. Ellos se pusieron más y más agitados, con incertidumbre de si eso que estaban experimentando era doloroso o placentero ó ambos. Llegaron a la playa, y de repente una tormenta se fue sobre ellos, posteriormente de manera inesperada se dio una intensa calma. Uno por uno, los chitones de fueron cayendo. Los hombres ascendieron  y empezaron lentamente a caminar sobre la playa, seguido por la risa escandalosa del Cuervo, la cual hizo eco en toda la gran isla del norte a la cual llamamos ahora Príncipe de Wales.

Eventualmente desaparecieron detrás de la cabecera más cercana y salieron de los juegos del Cuervo y la historia de la humanidad. Nadie recuerda, ni se preocupa de si encontraron su camino de regreso a su concha, o vivieron sus vidas en otro lugar, o perecieron en el extraño ambiente en el que se encontraron.

Mientras tanto, los chitones estaban planeando sus regreso a la roca de dónde ellos estaban unidos. Pero ellas también han cambiado.  La marea alta siguió baja, y las grandes tormentas del invierno dieron lugar a las lluvias más suaves y al sol de la primavera, los chitones crecieron y crecieron, muchas veces más grandes de lo que habían podido ser antes. Se veía cómo desde sus conchas perfectas, iban a a volar muy lejos de la presión que sentían dentro de ellas. Y una vez una enorme ola las barrió de la roca y les arrancaron los pies y los llevó a la playa. A como bajaba el agua, el sol secaba la arena, y de repente hubo una turbulencia en medio de los chitones. Lo que surgían eran seres humanos con color de piel negra y morena, también eran ambos sexos, femenino y masculino, y el Cuervo estaba comenzando su gran juego, el que todavía sigue.

Sus descendientes podrán construir en sus playas las fuertes y bellas casas de los Haidas y embellecerlas con la heraldica poderosa de las grandes familias, todos los heroes y las heroinas, las bestias galantes y los monstruos que conformaron su mundo y sus destinos. Por muchas generaciones ellos crecieron florecientes, constructivamente y creadores, ellos lucharon y destruyeron, vivieron de acuerdo con el cambio de las estaciones y los rituales que no han sido alterados de sus ricas y complejas vidas.

Actualmente, muchas de las comunidades están abandonadas y son ruinas. La gente que quedó ha cambiado, el mar ha perdido mucho de si riqueza y gran parte de la riqueza de estas tierras están en deshecho. Tal vez es tiempo de que el Cuervo regrese para encontrar una manera de volver a comenzar la humanidad.

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