La Locura Divina

Una vez, en Tabasco hubo una gran inundación en el 2007, la más grande que ha existido en la zona, que alcanzó los 5 metros de altura, es decir muchos supermercados inundados, la estación de autobuses, la carretera que llevaba al aeropuerto, es decir que el 70% de la ciudad estaba inundado, entonces se concentró todo ese porcentaje de personas en un 30%. Se pueden imaginar la condición en la que estuvimos, si, las salidas de la ciudad quedaron completamente inundadas y nos quedamos atrapados durante un mes ahí, fue una inundación comparable con lo que sucedió en Nueva Orleans más o menos por las mismas fechas, recuerdo que los supermercados que no estaban inundados se encontraban vacíos, también  las tiendas abarroteras, miles de casas. Las iglesias, los parques, los estacionamientos, las escuelas y centros de gobierno funcionaban como albergues, los militares sobrevolaban la zona cada 5 minutos, eso quiere decir que todo el día se percibían el sonido de los helicopteros una y otra vez, que estaban rescatando a personas que se habían quedado atrapadas en las azoteas de sus respectivas casas. Aunque aquí no hablaremos ni de militares ni de particularmente de la inundación, éste capítulo comienza con este acontecimiento, ya que posterior a que sucediera la inundación, hubieron muchas familias que se quedaron sin casa donde vivir, entonces los mismos militares ofrecían sus recintos como puestos para que familias enteras habitaran ahí. En alguna ocasión se pidió apoyo a artistas a nivel nacional para impartir talleres a los niños que residían ahí, yo viviendo por allá y enterándome de eso, asistí con muchos amigos para apoyar la causa; una vez, saliendo del voluntariado, decidimos irnos caminando mi mejor amigo Alberto y yo, para tomar fotos o grabar video (en esa época era lo único que hacíamos siempre, crear, crear y crear, todos los días nos veíamos para inventar personajes y tomar fotografías o sacar videos en donde fuera que estuvieramos, desarrollamos nuestra creatividad mucho, fue una de las mejores épocas de mi vida). Enfín, caminando encontramos en una parte de la calle que le dicen la Curva del Diablo, en ese lugar había una especie de altar sobre la fiesta de los toreros, en dónde todos los personajes eran calaveras, habían múltiples tumbas y escritos que decían frases con mucha consciencia social y al mismo tiempo frases festivas relacionadas con el tema, estábamos muy emocionados de haber encontrado ese tesoro, cuando en algún momento volteamos a ver hacia abajo del terreno, luego de un pequeño laberinto, había un gran rostro de hombre barbado hecho de arcilla que medía unos 3 metros de altura, otra escultura con forma de virgen que medía unos 4 metros de altura, nos quedamos impresionados y decidimos acercarnos para allá para ver qué era. Al llegar ahí estábamos maravillados de haber hallado ese lugar, parecía que habíamos recién descubierto una zona arqueológica, de repente vimos que había una especie de piel de jaguar colgada, la jalamos y resulta que había un hueco, detrás del hueco se veía cierta profundidad, nos preguntamos qué había detrás de ellos y decidimos entrar. Como estaba en total oscuridad comenzamos a alumbrar con flashazos que salían de la cámara fotográfica que llevábamos. Cuando entramos, comenzamos a tirar flashes por todas partes y veíamos que rostros enormes yacían en las paredes, era impresionante la sensación, como de recién salirte de tu habitat dentro de una ciudad y bajar a un mundo mágico en el subsuelo en el que hay rostros de arcilla en las paredes que te observan, y los flashazos de tu cámara fotográfica es lo único que te permite ver eso. Comenzamos a gritar de la emoción ahí adentro, luego regresamos por el mismo lugar donde estaba la piel de jaguar y al salir nos dijimos mi mejor amigo y yo – Qué peedo!!! – en ese momento, miramos las fotografías que habíamos hecho y se veían los rostros, estábamos muy impresionados y nos preguntábamos qué es lo que acabábamos de descubrir. Posterior a ese mar de emociones, decidimos buscar si alguien sabía qué era ese lugar, nos dirigimos a un taller mecánico que estaba ahí, le preguntamos al encargado y nos respondió que ese lugar había sido construido por un señor llamado Rafaél, le preguntamos si podíamos visitar a don Rafael, nos respondió que claro que sí, que podíamos pasarlo a ver a su casa que era detrás del terreno de donde habíamos encontrado el altar de toreros calaveras. Nos dirigimos a su casa, era una especie de choza muy pequeña, muy sencilla, de color azul en ese momento; tocamos la puerta y nos responde una voz de mujer – Quién??? – y nosotros respondimos – aquí vive don Rafael? – –  si… quién lo busca? – – Alberto y Daniela – – ahora va -. Estuvimos esperando unos minutos y sale un señor chaparrito, de tes blanca, nos vio, y en seguida nos dijo – ahora vuelvo – cuando volvió salió vestido como un arqueólogo de finales del siglo XIX, de color beige, hasta con sombrerito y toda la cosa. Le preguntamos por el lugar de abajo, si lo había creado él, y nos dijo – así es – – después de eso, inmediatamente nos dijo – – Yo fui piloto aereo del Che Guevara – – y nosotros como que no entendimos bien lo que nos había dicho, entonces le dijimos, – – cómo? – – si, yo fui piloto del Che Guevara, durante la parte de la planeación de la Revolución de Lationamérica emprendiendo el viaje a Colombia, yo sé cómo construir minas, porque teníamos un entrenamiento arduo, me preparé por varios años para ser guerrillero, es por eso que me dediqué a explotar la tierra subterráneamente desde hace 10 años para construir eso – – nosotros no sabíamos qué responderle, personalmente no sabía si creerle o no, sonaba demasiado fantástico y mágico como para que fuera real, pero a la vez resultaba ser muy lógico, por que no es nada común de encontrar a una persona que crea un mundo subterráneo con esculturas gigantes de arcilla en las paredes, escondido en una ciudad globalizada, común y corriente del sur de México. Nos preguntó si queríamos mirar el lugar, y le respondimos que por supuesto, en eso nos dijo – síganme – y le seguimos, cuando volvimos al lugar, prendió unas luces que estaban dentro, después de haber hecho eso, nos dimos cuenta de que él estaba construyendo una especie de cámara subterránea con distintos pasadizos, es decir que estaba construyendo un laberinto subterráneo con diferentes cámaras, como si fuera una de esos antiguos templos que guardaban tesoros o eran tumbas/sarcófagos en la antigüedad, después nos invitó a continuar y llegamos a una parte en la que los caminos se cruzaban, y había al centro un espacio con esculturas varias, entre ellas un calendario de la mitología azteca y un rostro del Dios del Maíz maya Yum Kaax, o en su paralelo Cintéotl para la cultura mexica (aunque hay referencias de que esta deidad se refiere al un Dios de la vegetación silvestre y guardián de los animales), ahí habían unas sillas, nos sentamos con él y nos empezó a recitar una prosa poética, relacionando muchas deidades, pueblos, lugares, creencias, mitologías de todo el mundo para al final decir que todas son paralelas, que todas son una, que todas son con la tierra, la naturaleza. En ese momento, nos quedamos impresionados por admirar tanta entrega por parte de ese señor. Llevaba más de diez años construyendo esa gran pieza de arte, buscando reconectar lo ancestral con lo actual.

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