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La Leyenda Haida del Cuervo y los Primeros Humanos

Por Bill Reid

La gran inundación, que había cubierto la tierra por mucho tiempo tuvo, al fin había retrocedido y llegó hasta a ser la delgada franja de arena que se extendía desde el norte en Naikum, a la cual ahora llamamos Rose Spit. El Cuervo había volado ahí para disfrutar de las delicias dejadas por el agua que caía, y por ese cambio no tenía hambre. Pero sus otros apetitos como la lujuria, curiosidad, el incuestionable deseo de interferir y cambiar las cosa, jugarle trucos al mundo y sus criaturas se mantuvieron insatisfechos.

Recientemente se había robado la luz del anciano viejo que dejó escondida en una caja en su casa en medio de la oscuridad, y la dispersó sobre el cielo donde se expandió a través de la noche y deslumbró el día con una sola aurora brillante. Debajo de esto, la playa larga que se curveaba entre la esquina donde él estuvo y la Colina Tao se quedó tranquila y desértica, y para el Cuervo era infinitamente aburrido. El caminó sobre la arena, con su brillante cabeza inclinada, sus ojos afilados y sus orejas siempre alertas para estar receptivo sobre alguna visión o sonido inusual. Con frustración, llamó petulantemente al cielo vacío, y para su deleite oyó un grito de respuesta, aunque desde su gran altura no era más que un oscuro chirrido ahogado.

Al principio no vio nada, pero pronto miró de nuevo un flashazo blanco que capturaba su ojo, y ahí mismo en sus pies, medio enterrados en la arena había una concha gigante. Miró más cercanamente y vio que la concha estaba llena de pequeñas criaturas que estaban encogidas de terror por su enorme sombra.

Bueno, aquí hubo algo diverso, algo que rompió con la monotonía de su día. Pero no era tan divertido como las cosas tontas que se mantuvieron en el caracol. Y ciertamente ellos no van a regresar a su terrible estado presente. Entonces, el cuervo mantuvo su gran cabeza cerca con su lengua lisa de embaucador que lo han puesto en muchas aventuras desafortunadas durante sus problemática existencia, él los persuadió, engatuzó y coaccionó para que salieran a jugar en su maravilloso y resplandeciente nuevo mundo. Como saben, el Cuervo habla en dos idiomas, uno duro y estridente: y el otro, que estaba ocupando ahora, seductor y con un tono muy atractivo, ciertamente uno de los sonidos más bellos del mundo. No tardó mucho en que saliera el primero, y después otro. Algunos, inmediatamente se escurrieron de vuelta cuando observaron la inmensidad del mar y del cielo y la abrumadora oscuridad del Cuervo. Pero, eventualmente, la curiosidad superó a la precaución y ellos se treparon para afuera. Criaturas muy curiosas estuvieron ahí: dos en patas como el Cuervo, pero hasta ahí terminaba el parecido. Ninguna pluma brillante, ningún pico, pero si piel pálida, desnudos excepto por una cabello largo en su ronda, cabezas planas; en vez de fuertes alas,  similares a palos finos como apéndices que se agitan y revolotean constantemente – Los Haidas Originales, los primeros seres humanos –

Durante mucho tiempo, el Cuervo se divertía con sus juguetes nuevos, mirandolos como si estuvieran explorando su mundo expandido, a veces ayudandose los unos a los otros en nuevos descubrimientos, o peleándose sobre la novedad que hayan encontrado en la playa. Les enseñó trucos inteligentes de los cuales ellos fueron expertos.

Pero el tiempo de atención del Cuervo fue muy corto, y pronto se volvió a aburrir en el despecho de las extrañas travesuras que hacían sus pequeños compañeros. Por alguna razón, se dio cuenta de que todos eran hombre. Y no importa cómo ellos se vieran, él cayó en la cuenta de deber encontrar a alguna mujer para hacer el juego con los Haida más interesantes.

De repente tuvo una idea, que empezó a recoger a cada hombre a pesar de sus gritos de miedo, y los puso en sus espaldas anchas donde se escondía en sus alas. Cuando recogió al último, el Cuervo extendió sus alas y voló rápida mente a North Island y aterrizó en una playa cerca de una roca que gracias a la marea baja estaba en lo alto, cubierta de grandes chitones rojos. Gentilmente se sacudió y los hombres se escurrieron por detrás de él hacia la arena. El los dejó ahí y voló a la piedra, y con su enorme pico, olió un chiton desde su fuente. Echó la cabeza hacia atrás y lanzó un chitón lo más cercano a los hombres. Su objetivo era tan infalible como aquellos que solamente los magos poseen, y el chitón encontró su marca en una en un area delicada de la ingle de la criatura que nació del caracol, al cual se unió firmemente. Tan rapidamente como el rocío cae en la orilla después de la ruptura de una ola, el Cuervo le esparció al resto del grupo chitones, cada uno volando inexorablemente hacia su propio objetivo.

Nada como esto le había sucedido a los hombres durante su infancia en el caracol. Ellos se sintieron asombrados, incomodados y confundidos por la intensidad de las nuevas sensaciones emocionales y físicas. Ellos se pusieron más y más agitados, con incertidumbre de si eso que estaban experimentando era doloroso o placentero ó ambos. Llegaron a la playa, y de repente una tormenta se fue sobre ellos, posteriormente de manera inesperada se dio una intensa calma. Uno por uno, los chitones de fueron cayendo. Los hombres ascendieron  y empezaron lentamente a caminar sobre la playa, seguido por la risa escandalosa del Cuervo, la cual hizo eco en toda la gran isla del norte a la cual llamamos ahora Príncipe de Wales.

Eventualmente desaparecieron detrás de la cabecera más cercana y salieron de los juegos del Cuervo y la historia de la humanidad. Nadie recuerda, ni se preocupa de si encontraron su camino de regreso a su concha, o vivieron sus vidas en otro lugar, o perecieron en el extraño ambiente en el que se encontraron.

Mientras tanto, los chitones estaban planeando sus regreso a la roca de dónde ellos estaban unidos. Pero ellas también han cambiado.  La marea alta siguió baja, y las grandes tormentas del invierno dieron lugar a las lluvias más suaves y al sol de la primavera, los chitones crecieron y crecieron, muchas veces más grandes de lo que habían podido ser antes. Se veía cómo desde sus conchas perfectas, iban a a volar muy lejos de la presión que sentían dentro de ellas. Y una vez una enorme ola las barrió de la roca y les arrancaron los pies y los llevó a la playa. A como bajaba el agua, el sol secaba la arena, y de repente hubo una turbulencia en medio de los chitones. Lo que surgían eran seres humanos con color de piel negra y morena, también eran ambos sexos, femenino y masculino, y el Cuervo estaba comenzando su gran juego, el que todavía sigue.

Sus descendientes podrán construir en sus playas las fuertes y bellas casas de los Haidas y embellecerlas con la heraldica poderosa de las grandes familias, todos los heroes y las heroinas, las bestias galantes y los monstruos que conformaron su mundo y sus destinos. Por muchas generaciones ellos crecieron florecientes, constructivamente y creadores, ellos lucharon y destruyeron, vivieron de acuerdo con el cambio de las estaciones y los rituales que no han sido alterados de sus ricas y complejas vidas.

Actualmente, muchas de las comunidades están abandonadas y son ruinas. La gente que quedó ha cambiado, el mar ha perdido mucho de si riqueza y gran parte de la riqueza de estas tierras están en deshecho. Tal vez es tiempo de que el Cuervo regrese para encontrar una manera de volver a comenzar la humanidad.

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Detrás de la montaña

2010

Recuerdo de cuando tenía 18 años y no tenía mucho tiempo de haber salido de vivir de la casa de mis padres. Como no conocía a mucha gente en Ciudad de México, y unas amigas me habían ofrecido alojamiento por un mes en lo que encontraba lugar. Recuerdo que esos primeros años no me hallaba fácilmente en algún lugar para vivir, el primer lugar fue un convento de monjas, duré 8 meses ahí, fue muy curioso por la diversidad socioeconómica que había en ese lugar. Desde chicas que estudiaban en escuelas privadas y muy caras de México, elitistas, burguesas; también podías ver a las chicas que estudiaban y trabajaban para sostener sus estudios de las cuales llegué a conocer a algunas sumamente inteligentes con unas ganas muy grandes de salir adelante, y luego estaban las chicas que venían de condiciones marginales, que no pagaban una renta y les trabajaban a las monjas, y a su vez las hermanas les daban la oportunidad de estudiar y tener una vida más digna del contexto del que venían. Como siempre me gusta estar en movimiento, desarrollé amistad con todas las chicas del convento, y pues la división socioeconómica siempre era muy evidente en el comedor, y entonces siempre me dividía las veces de ir al comedor y sentarme con unas u otras, a veces incluso ayudaba a las hermanas a servir la comida y le decía a todas las que iban por su ración de comida que eran surreales majestades que tenían que ser servidas por un especimen como yo. No se por qué hacía eso, era simplemente el arranque de querer ayudar y romper las barreras sociales (ya que el que fuera tan evidente ahí dentro a veces me partía el corazón) y por este tipo de acciones era curioso que hasta las mismas hermanas me llegaron a preguntar si quería ser monja, que veían mucha bondad en mí, la verdad nunca quise, incluso llegué a raparme y tener un mohicano de 30cm de altura viviendo con ellas y aún así ellas me estimaban mucho, a la vez era una época de mucho alcohol en mi vida y en dónde comenzaba una fuerte depresión relacionada al cáncer que estaba amenazando la vida de mi papá, con su enfermedad me volví alcoholica como 4 años. Perdí mis habilidades musicales, estuve completamente en la desesperación y perdida, pero en esta sección no es hablar sobre eso, es hablar de una chica que sigue en mi memoria y la considero como parte del viaje de la vida, alguien que se atrevió a romper barreras y a seguir adelante con una vitalidad hermosa.

Su nombre era Jess,  por lo general la mirabas en la recepción del lugar, atendiendo a quienes entraban, luego barriendo o trapeando. Su físico era muy particular, no tenía una pierna, siempre andaba con una muleta, la mitad de su rostro estaba desconfigurado y tenía una especie de parálisis cerebral que le impedía ciertos movimientos, aún así era muy lúcida e inteligente, una mano le funcionaba bien, la otra tenía pocos dedos y todo el brazo era comparablemente más pequeño que el que se veía normal, se veía el esfuerzo que ella hacía para cargar los baldes de agua cuando trapeaba, pero lo hacía con el desarrollo de la fuerza que tenía con el brazo que funcionaba bien. Una vez en el comedor, estábamos sentadas en la misma mesa, se platicaba un tema relacionado a la sobrevivencia, al superarse a sí misma, a la resilencia, en algún momento ella hizo un comentario muy fuerte que atrapó la atención de todas que era:

– yo entiendo todo lo que dicen, lo entiendo perfectamente, ustedes no tienen ni idea de lo que es salir adelante, dónde vengo yo –

después de eso, hubo un silencio incómodo, todas concentradas observándolas con los ojos exaltados porque era la primera vez que ella se manifestaba de esa manera, y nos contó su historia:

Cuando nací, toda mi familia dijo que yo era hija del diablo, porque me faltaba la mitad del cuerpo, era deforme y casi no me podía mover. Aprendí a caminar sola a los diez años, antes de eso siempre me arrastré como un gusano porque nadie en mi casa quiso ayudarme, siempre me decían comentarios de por qué había nacido, de que yo era hija del diablo, era muy doloroso que me dijeran eso, durante en mi infancia caí varias veces en coma por haberme caído de una forma muy sencilla o por ir al baño. También viví multiples intervenciones quirúrgicas por si llegaba a tener algún problema con mi fiisionamía y mientras seguían reprochándo el por qué había nacido, nunca me dejaron estudiar porque no me veían posibilidad alguna de desarrollo, yo crecí en un pueblo muy pequeño, muy cerca del Pico de Orizaba.

Como mi familia era cristiana, a los 11 años tuve la oportunidad de conocer a un pastor que llegó al pueblo a vivir, él era una persona muy noble y buena, que me empezó a ayudar y platicaba mucho conmigo. En algún momento el pastor me preguntó cuando yo tenía como 13 años, qué era lo que yo realmente quería hacer en la vida, y le respondí, mi sueño más grande en la vida es saber qué hay detrás de las montañas de este pueblo, es moverme, es conocer otros lugares, otras posibilidades, después de eso, él me preguntó de qué manera podía ser posible, y le dije que quería estudiar, que quería defender los derechos de la gente débil. A partir de los 13 años empecé a estudiar la primaria, luego pasé a por la secundaria, hasta que finalmente terminé la preparatoria y todo gracias el pastor que siempre estuvo alado de mí. Cuando terminé la preparatoria, se me hizo realidad cruzar la montaña, y decidí venir a la Ciudad de México a estudiar Derecho en la UNAM. Ahora estudio ahí, y llegué con las hermanas, a pesar de que no profesamos la misma religión, ellas me han apoyado, al igual que el pastor quien es el que sigue sosteniendo mis estudios en la actualidad.

– Al escuchar esta historia, todas quedamos muy tocadas, impactadas, algunas con lágrimas en los ojos y agradeciéndole a Jess que nos compartiera su vida, y en ese momento algo cambió en mí por ella que detonó una admiración muy grande por todo su ser y su fortaleza.

Ciao Bella!

Un día, recién había salido de una librería, sobre el Viale de Pedro Coubertin en Roma, me encontré con una señora que me generó una gran impresión y a la vez, por tan sólo observarla me creó una gran conciencia del sentido del estar presente, en estado de plenitud y pode transmitir aquello, poder cantar.

Mientras caminaba, veo a una señora que se veía de origen africano, que tenía un acento raro al pronunciar palabras en italiano, eso de seguro hacía énfasis a que de alguna manera ella había llegado a ese lugar. Esta señora vestía unos pantalones grandes y abultados, una blusa café y toques de colores manga larga, con un sombrero de color entre verde, naranja y rojo, de edad parecía tener más de cincuenta años  y tenía cabello corto rizado; junto a ella había una grabadora algo vieja que sonaba música un poco cerca del estilo del reggae pero no terminaba de serlo, era instrumental y muy alegre, también había una especie de caja al frente de ella en dónde se le podía dejar unas monedas, con esta imagen, la señora movía sus piernas dando como saltitos de una a otra, como bailando una danza tradicional africana en la que se mueve todo el pelvis hacia adelante y hacia atrás, ella que tenía una presencia enorme y voluptuosa (a pesar de que era grande físicamente pero delgada), una presencia también amigable y que con su voz grave y rica en armónicos y con mucha emotividad solar repetía todo el tiempo a un ritmo sincopado en relación a lo que se escuchaba en la grabadora la frase – Ciao Bella! – era impresionante solamente contemplarla, a tod@ que le veía le sacaba una sonrisa, yo, al pasar por ahí, me cautivó y me la quedé observando sola por unos minutos, ella sonreía y sonreía repitiendo al ritmo sincopado – ciao bella! -, por mi mente pasaron muchas imágenes y preguntas como Qué hacía ella ahí?, de dónde era su procedencia? por qué se ponía a repetir – ciao bella – en la calle con una grabadora vieja? qué era lo que la animaba a hacer eso, y a otras personas no en condiciones de ser migrantes ilegales? simplemente pasó por mi mente el imaginarme toda la travesía que había hecho para llegar hasta ahí, de cruzar el mar mediterraneo y que muy probablemente haya visto a gente morir, el irse de su país de procedencia con muchos problemas económicos que la orillaron a migrar y tener la capacidad de pararse en la calle a sonreirle a la gente y repetir – ciao bella – como si fuese un sol radiante que vivía en el presente. Esa imagen me creó mucho eco, sobre lo miserable que la gente puede ser con respecto a sus vidas, a las quejas, a lo material, y que a veces simplemente hay chispas y encuentros que hacen que te mueva el ánimo y pareciera magia, pero qué tal si ese ánimo lo llevásemos con nosotros? tal vez el mundo sería menos miserable, egoísta y mezquino. Entonces al hacer esa reflexión fue cuando me cayó el veinte de cuando se canta con luz, con amor, con dar al otro desde toda la experiencia de vida, desde las heridas, desde las travesías más impresionantes y aún así ser un chispazo en medio de la apatía que mueve al ánimo del mundo y simplemente repitiendo – ciao bella -.

Danza

Como yendo de empinada entre un camino angosto, entre el agua que va desembocando hacia los imponentes acantilados, y, posteriormente al mar. La oscuridad penetra tan hondo que la humedad se siente en los huesos, hace frío y todo es frenético, como si de repente la niebla se adentrase en el fondo en las intenciones del ser, y ese ser que angustiado rema; rema y no se encuentra…

 

El viento sopla

Y se la lleva, se burla de ella y hay algo muy en el fondo que no lo permite, el viento le reta, con siluetas que semejan su sombra

 

  • ¡Sombras! ¿A qué han venido en esta noche de mi propio duelo?, ¿qué es lo que han venido a hacer en mi angustia?

Y algo la levanta, y de la profundidad se mueve la lancha, se mueve y se agita y ella sigue viendo las siluetas que la engañan. Del mar empiezan a danzar aquellas almas que buscan y no se encuentran, tratan de jalarla y sigue remando.

  • ¿Cuál es su burla? , ¿Se burlan de mí en la distancia? Les ruego me dejen sola porque busco compasión para esta alma llena de incontrolable deseo de expulsarse, de expulsarme, me expulso.

Ella se para y forma una cruz con su cuerpo, siente , siente el frío de ese viento, siente la humedad de la niebla espesa, siente que la inmensidad del mar se la quiere comer y se acopla a los colores que ve entre el morado, violeta, rosa, azul y negro.

  • Que el viento me acompañe y el amanecer me encuentre entre este mar que azota mis angustias, ¿me estás cuestionando?, ¿qué cuestionas si voy a la isla de la muerte? Allá me espera el encuentro con los nombres que ya no tienen formas, los nombres que se han vuelto parte de todo, allá a lo lejos me esperan para no decirme más nada, en el fondo del horizonte.

Y sigue la marea moviéndole, le mueve, la azota, y sigue dirigiéndose, se sienta y sigue remando, sola, sola en el universo, sola con su alma que no la deja en paz, sola y con su alma que quiere salir por un orificio de luz y no la encuentra y los vientos azotan más y ella cae, cae, cae al fondo, como una hoja que ha perdido a su rama, como un árbol que se está secando, entre el vaivén de lo que le aqueja.
Y en el fondo ha visto su reflejo,
-¿qué haces ahí?
– Me has encontrado, lo sabes.
– ¿Qué es lo que sé?

  • Que me estás buscando, que no has sabido hasta qué punto me vas a encontrar en la vida, que sientes la necesidad de morir, de dejarte caer, de no ser por un instante, porque en la vida ya no hay que te identifique porque has tocado el fondo del abismo, has encontrado el lugar que no tiene forma.
  • ¿y qué hacer si he llegado hasta ti?
  • Lo sabes, pero no estás lista para enfrentarte a encontrar tu identidad, lo que tienes que hacer en esta marea, lo que tienes que cultivar para que yo pueda salir convertida en tu propia metamorfosis.

Y vuelves a caer, un viento inoportuno acaricia tu sien, y ese viento te vuelve a alejar de tu reflejo, y no sabes a donde te lleva para volverte a encontrar con el. Es intenso, te pierdes, te buscas, te pierdes, te buscas y todas las almas sin nombre te arrastran, te azotan, te llevan a la isla de los muertos.

Eres ceniza, eres polvo, la oscuridad te atrapó, los llantos ni siquiera tocan tu oído, has pasado la barrera del dolor, ahí donde todo es delirio, y el delirio te abraza. Lloras sin un sentido, solo ves al vacío, esa soledad, es solo el delirio que te acompaña en el momento en que estás flotando en medio de una lágrima producida por tu inactividad.
-¿Ya viste cómo la oscuridad se convierte en amanecer? –

 

Te dice el delirio, y tú solo sientes.

  • ¿Ya viste como la marea son como nubes que te acompañan en esta enfermedad de tu inconsciente? ¿ya escuchaste los pájaros allá a lo lejos que te quieren decir algo? ¿ya sentiste la brisa de los árboles sabios que viven en tu interior? Y te cuentan la importancia que tiene dejarse llevar por lo que uno siente sin estructura, ¿ya viste que el caos empieza a tomar sentido al momento en el que te dejas llevar por la corriente? ¿recuerdas la sonrisa sincera de la gente que no has conocido? Ese canto que te acompaña no es más que tu alma llamándote por las noches, es ese ser que quiere ser materializado, inmortalizado y tú no lo has comprendido. Ya viste a la luna que acompaña a los que al igual que tú se ofuscan de la realidad y la miran por no tener una dirección precisa, y la miran porque es sentido dentro de sus ganas de vivir, y la miran porque es inalcanzable para la naturaleza humana y prefieren que les acompañe para contar historias, y la prefieren porque en la noche es ella quien los abraza con su luz. ¿Y ya viste la gracia del día? No te has dado cuenta de que todo está ahí, de que todo es tan grande y vasto que no le alcanzaría a tus sentidos comprenderlo, que el intelecto sobra porque eres algo más allá de esta búsqueda, eres y ya. – El delirio se manifiesta en su sentir, las palabras no bastan, esto es solo la interpretación de lo que ella siente, ella solamente flota y parece inerte, y parece un vacío, y parece que tenía que hibernar.
    Otra vez el delirio la llama, ella está en su cama, y escucha una música en su interior, ve sus manos que se pueden mover, ve la sombra de sus manos que parecen acompañarla, empieza a hacer gestos con ellas como de mariposas que vuelan, es el delirio, las mariposas vuelan con sus manos y su sombra, y las demás siluetas que se generan la acompañan, así como rostros, bocas, la dualidad que se abandona y se reencuentra, y ella, poco a poco, extasiada por las formas de sus manos y sus siluetas comienza a pararse, se para y ve a su sombra, es un encuentro con ella, la ve, su sombra es indiferente pero la acompaña. Y la música interior les incita a danzar, se mueve y su ella, y la acaricia, está extasiada observándola, como cada parte de su cuerpo es su propio reflejo en negativo, se abrazan de cierta forma y danzan, danzan como aquél barco del cuál ella estaba cuando la marea iba en altamar, se aferra a su sombra, la danza es interior, la danza es con la vida después del delirio, se pierde en la música que les rodea, la siente, la sombra entra en ella y la penetra y siguen sus movimientos de waltz, como cuando todo es olvido y solo estás presente con el contacto del otro y la danza se manifiesta en todo el ser, se manifiesta en cada movimiento, en cada encanto, la danza es todo el gesto que abraza al ser. Has pasado la barrera de la soledad, la barrera del delirio, has revivido convertida en un espasmo de tiempo sensible, has revivido en el presente, en la acción, has revivido sin los remos, has revivido siendo una danza perpetua y una música que del silencio se convierte en la voz de tu interior, has revivido tomando en cuenta la existencia de tus gestos, has revivido y tu cuerpo está presente. Y el viento ya no te atormenta porque eres con él, y el sin nombre es parte de la conciencia, es la realidad más aislada de la temporalidad, es la base de cualquier existencia para adornarla de estructuras que inventas en el presente sin olvidar esa parte innombrable que ya sentiste, por eso tenías que encontrarla para saborear los frutos de lo que no tiene forma y que lo puedas sentir dentro de ti.
    De repente, regresas a la cama, tu sombra empieza a evaporarse, pero sabes que está ahí, el delirio te ha soltado, respiras tranquila, poco a poco los ojos se abren, has salido del coma, de nuevo sabes que es el respiro y no te olvidarás de ella, ella la que siempre te acompaña te ha hecho reflejo.
    Te sabes, te reconoces en el matiz del cielo que se ve por la ventana, te sabes color, por primera vez en tu vida entiendes la forma y sigue siendo muy básica, porque has tocado las aguas de lo inalcanzable, te sabes infinita, innombrable.

    Te sabes.

Narcisa

¿de qué se lamenta?

de que Narciso no le escucha

¿y dónde está?

en el fondo del mar

¿se sabe Narcisa?

Narcisa vagando en la ausencia,
y Eco se asoma y atrapa.

Atrapados,
atrapados en el silencio,
atrapada en el rompecabezas que parte del fondo del mar.
Atrapada en la ceniza del arrullo enterrado,
y su voz es sangre que no pudo ser escuchada,
y el suelo,
el suelo vive colmando el recuerdo.

¿Cuándo fue el primer encuentro?
Cuando el viento se hizo oportuno,
al amanecer, en la presencia ciega.

Amanecer,
el cielo bañado en rojo emerge de la penumbra anticipada.

Dice, justa que yace indigna, el recuerdo le rompe.

Rota, marea en alta mar que quema,
quema y las palabras se vuelven inacabables.
Y el papel en blanco se llena del vaciado.

De la vacuidad, del arrullo, del anhelo, del suelo.
De donde emergen todas las llamas y palpitan las ausencias y palpita Narcisa,
sin huellas.

Traición que mata la lucidez.

Me buscaré para olvidar mi nombre

Me buscaré en todos los poemas para olvidar mi nombre
en el roce de las horas que incendia cada
llamarada de fatuas inclemencias
de cada par que de mis manos se abre
de los mundos que se dividieron
contando el día, el año, la edad.

Pero ya no son mundos ajenos
los que privan el tallar sincero
del árbol que todo lo mira,
de la tierra que todo percute,
de las lágrimas que todo liberan.

Ya no es la incertidumbre
de saberme en otras alturas,
sino lo que por dentro
es silencio y a la vez voz,
voces que parecen cada gota
que desmantela al desierto.

Y el desierto convertido en flor,
convertido en ayunos
que limpian el hacha que penetró
en el seno,
que limpian la ruptura de la
mirada desentendida,
que limpian la postura del brazo
dirigido en cantos al infinito

Hace un Hoy de Ayer

Donde se quedó,
al amanecer,
hace un hoy de ayer.
Entre la transparencia
de una ventana que pinta
la forma del cielo,
y entre arcilla
te sigo de tu polvo en mi aire.
Y el aire de la presencia,
del pétalo que se queda
en el cruce de los caminos,
en el cruce de la belleza encarnada
Y el eco detrás de la montaña,
suscitando el silencio,
emergiendo poco a poco
del polvo del centro de la tierra,
y del tallar sincero de la veta.
Y clamando la distancia,
conteniendo tanta necesidad,
el grito se conviertió en restos
del suspiro.
Y la sencillez
de la hoja que se mueve
del árbol que observa sin juzgar,
que acaricia la conciencia
de las huellas
grabadas,
remembradas,
en los plexos.

Suena

Estando y aparentemente no;

algo invisible, indivisible, innombrable, enorme;
algo que entre los amaneceres y los atardeceres llama,
y no se descubre,
algo que pareciera la línea recta que provoca la ilusión cotidiana,
que tal vez esa ilusión es la inquietud que llama para que el tiempo sienta.

Y es de lo exterior a lo interior y de nuevo al exterior, respiro;

Evocando a la belleza del mundo
y a quien se le transmite tal como si fuera presencia y a la vez vuelo.

Modificando hasta el más mínimo estado, moviendo hasta lo invisible,
reviviendo y muriendo a cada instante para dirigirse al horizonte,
pasar la línea invisible que divide a las miradas,
ir más allá de cualquier límite que sea  llamado por el espíritu.

Sanando la esperanza, sanando la creación del instante,
sanando la capacidad de impresión, sanando el fondo del abismo.

El aullido, el cacareo, el ladrido, el maullido, el gemido, el llanto,el grito, la risa, el aliento, el bao,
cualquier cosa que sale de la voz transmitiendo es plegaria al cosmos,
es lo invisible armonizando el campo,
es el cuerpo llenándose del todo y vaciándose de sí constantemente,
es el verbo más allá de lo literal,
es ese fragmento de nada y de todo a la vez que sopla al oído un sentido de ser ahí, heme aquí, ven.

De la inmovilidad interior nace la danza, del silencio interno nace la música,
y es eso tan adentro y tan sensible a cualquier aspecto de nosotros,
como si una luz se convirtiese en sonido que reblandeciese cada parte del cuerpo,
del ser, del espacio y del tiempo
Como en un sentido de rito trascendente, de entrega y de empoderamiento
que asciende al mundo de la belleza, así contemplando a la sabia,
que portando la salud es como puede ser un hálito
que acompañe todos los días al cultivo del amor intermitente.

Desechando blanda y pacíficamente los tormentos,
liberando todos los gritos que alguna vez callaron la sensibilidad que desbordante admira el mundo,
como de frente a un lago, deslumbrante atardecer y la tierra madre te cantara una canción.

–      Mmmmmmmmmmm maaaa tierra madre,
conmueve mis entrañas,
paravolver a latir junto a ti,
mmmmmmmmmmmmm madre – .

Y arde la palabra, y arde cada metáfora del sentir, y el sentido es memoria y memoria es espíritu convocando. Así madre (tierra)  todo se acopla como un juego sin recelo, y así la armonía (unidad) nos alimenta.

Evoca

Evocando madre en presente,
evocando hasta el quebranto.
Pasando de la voz al ver,
pasando del ver a la poesía,
entre el principio y el fin,
entre la alegría dolorosa que nos humaniza.

Borrando huellas

A borrar huellas.

Romper el cemento con tus propias manos y cuerpo hasta encontrar la tierra, de ahí algo más despierta desde lo profundo.

Renacer.

El ser que se vuelve ceniza para despertar eso más allá, en la manifestación, en el presente.

La totalidad requiere muchos niveles de materialización, borrarse, romperse hasta no quedar nada. Romper el cemento que bloquea, evidenciarlo para enfrentarse al propio reflejo, rompiendo cemento de la ilusión y del bloqueo con el propio cuerpo, luego el vuelo del nacimiento, del vacío, de la respiración, de estar, de vibrar, consciente de la travesía, del atravesar los puentes y ser diálogo constante, ser tierra, espiral, infinito, puente.